Muchas veces creemos que ir al psicólogo es algo que ocurre hasta que todo se salió de control. Cuando ya hay gritos constantes en casa. Cuando una niña o un niño deja de hablar. Cuando dormir cuesta trabajo. Cuando la escuela empieza a reportar cambios que nadie sabe explicar.
Y aunque esos momentos existen, reducir el trabajo psicológico solo a las crisis deja fuera una parte importante de lo que realmente hace un especialista de la salud mental todos los días, porque acompañar emocionalmente a una persona no empieza cuando aparece un diagnóstico. Empieza antes. En las conversaciones de todos los días. En conductas pequeñas que alguien decidió no ignorar. En personas adultas que aprendieron a escuchar sin minimizar lo que está pasando.
También implica algo que muchas veces dejamos al final: aceptar que la niñez también atraviesa procesos emocionales complejos, aunque todavía exista la idea de que “están muy pequeños” para sentirse ansiosos, tristes o rebasados.
Hablar de salud mental en la niñez también implica resolver muchas dudas. ¿Todas las niñas y los niños necesitan ir al psicólogo? ¿Cómo sabemos cuándo pedir apoyo? ¿Qué ocurre durante una sesión? Para responderlas, Laila Sabbagh, especialista en sistematización y fortalecimiento programático de Save the Children, nos compartió su experiencia acompañando estos procesos.
¿Qué es lo que te inspira a trabajar con niñas y niños?
Hay profesiones que no se entienden desde fuera tan fácilmente. Sobre todo, cuando implican trabajar todos los días con emociones, violencia, duelo, ansiedad o situaciones familiares complejas.
En el caso de muchas y muchos psicólogos que acompañan a niñas y niños, la decisión suele empezar desde algo muy concreto: la necesidad de entender por qué sentimos lo que sentimos y qué pasa cuando nadie ayuda a procesarlo.
“Principalmente fue una curiosidad genuina de saber por qué sentimos lo que sentimos. También influyó mucho la forma en la que mis papás escuchaban y acompañaban a otras personas. Pienso en mi mamá, en la paciencia y la presencia. Y pienso en mi papá. Él era médico y trataba a sus pacientes no desde la enfermedad, sino desde el ser personas.”
Laila Sabbagh, especialista en sistematización y fortalecimiento programático en Save the Children

Además, trabajar con niñas y niños también implica aprender otras formas de escuchar. Porque no todo se expresa hablando directamente. A veces aparece en el juego, en cambios de conducta, en silencios o en cosas que las personas adultas consideran “berrinches” sin preguntarse qué hay detrás.
¿Cómo sabemos cuándo una niña o un niño necesita apoyo psicológico?
Seguimos pensando que pedir ayuda psicológica es una medida extrema. Que solo hace falta cuando la situación ya es muy grave. Eso puede provocar que muchas señales pasen desapercibidas durante meses o incluso años.
Algunos cambios que parecen pequeños al inicio:
- Problemas para dormir
- Enojo constante
- Aislamiento
- Miedo excesivo
- Cambios en la alimentación
- Dificultad para convivir
- Conductas que antes no estaban presentes
Y aunque ninguna señal por sí sola significa algo definitivo, sí pueden indicar que hay algo que necesita atención.
“Las niñas y los niños también se estresan, también se ponen tristes, también se enojan. Hay situaciones que no saben cómo resolver y necesitan herramientas para entender lo que les pasa.”
Laila Sabbagh, especialista en sistematización y fortalecimiento programático.
También hay señales que suelen confundirse con “mala conducta” cuando en realidad pueden estar relacionadas con miedo, ansiedad o situaciones difíciles dentro o fuera de casa. Por eso el acompañamiento no debería empezar únicamente cuando el problema ya creció demasiado.

¿Qué hacen realmente las y los psicólogos que trabajan con niñas y niños?
Gran parte del trabajo ocurre lejos de lo que normalmente imaginamos. No todo sucede en un consultorio. Muchas veces implica talleres, actividades grupales, orientación para madres, padres o docentes, y espacios donde se detectan señales que antes nadie había identificado. También implica hablar de salud mental sin tratarla como un tema prohibido.
Por eso, desde Save the Children trabajamos con personal experto en salud mental que acompañan distintos procesos relacionados con bienestar emocional, protección y espacios seguros. Parte de nuestro trabajo incluye:
- Talleres para docentes y personas cuidadoras.
- Identificación de señales de riesgo.
- Espacios de escucha para niñas, niños y adolescentes.
- Referencias a atención especializada cuando hace falta.
- Acompañamiento breve para situaciones específicas.
En algunos casos, el proceso dura pocas sesiones. En otros, requiere más tiempo. No existe una fórmula única porque cada situación ocurre en contextos distintos. Y aunque muchas veces hablamos de salud mental únicamente desde la atención individual, también hay algo colectivo detrás de todo esto: qué tan seguros son los espacios donde crecen las niñas y los niños, qué tan acompañados están y qué tan preparadas están las personas adultas para escuchar antes de juzgar.

¿Cómo acompañamos la salud mental desde Save the Children?
Cada proceso es distinto. Trabajamos con niñas, niños y adolescentes que han vivido situaciones de violencia, movilidad o desplazamiento, por lo que no existe una sola forma de acompañar.
En muchos casos, las primeras sesiones también incluyen a madres, padres o personas cuidadoras para conocer mejor el contexto y explicar cómo será el proceso. Después, el trabajo se adapta a las necesidades de cada niña o niño.
Durante las sesiones hay cuentos, juegos, pinturas, acuarelas y materiales que les ayudan a expresar aquello que todavía resulta difícil poner en palabras. También utilizamos herramientas para reconocer emociones, aprender técnicas de regulación y desarrollar recursos que puedan llevar a su vida cotidiana.
El objetivo no es que “dejen de sentirse mal” de un día para otro. Es que cuenten con un espacio seguro donde puedan comprender lo que están viviendo y fortalecer herramientas para afrontarlo.
Tú también puedes ser parte de este acompañamiento
Cada sesión, cada espacio seguro y cada herramienta que llega a una niña o un niño es posible gracias al apoyo de personas que deciden involucrarse.
Con tu donativo podemos seguir brindando acompañamiento psicológico, espacios seguros y actividades que fortalecen el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes.