¿Alguna vez te ha pasado que no encuentras las palabras para explicar lo que sientes? Sabes que algo no está bien, pero cuando intentas decirlo, se queda atorado en algún lugar entre la garganta y el pecho. Entonces haces lo que muchas personas: lo guardas. Lo dejas para después. Lo disfrazas de cansancio con la esperanza de que, en algún momento, simplemente desaparezca… 

Nino con escultura de bloques

Pero no desaparece. Se queda ahí, tomando forma en pensamientos que se repiten, en una incomodidad difícil de nombrar. Tal vez por eso existen otras formas de expresión que no dependen de las palabras. Formas que permiten sacar lo que llevas dentro sin tener que explicarlo todo.

Existe una idea muy común de que hablar es suficiente para procesar lo que sientes. Pero la realidad es que no todo se puede poner en palabras. 

A veces el miedo aparece en un dibujo antes de decirse, la tristeza se nota en el cuerpo antes de entenderse y el enojo se manifiesta antes de poder nombrarse. En la niñez, esto se vuelve todavía más evidente. 

Las niñas y los niños sienten muchas cosas, pero no siempre saben cómo explicarlas. Y cuando no encuentran cómo hacerlo, eso no desaparece, solo cambia de forma: se convierte en silencios difíciles de interpretar, en cambios de ánimo o, simplemente, se queda guardado. 

Nina y nino usando una máscara de gato y perro

Cuando una niña dibuja, actúa, canta o baila, no solo está jugando. También está explorando lo que le pasa y encontrando una forma de sacar algo que no sabía cómo decir. 

Y dentro de todas esas formas, hay algunas que abren posibilidades distintas. La actuación, por ejemplo, permite ponerse en otro lugar. Explorar sin tener que hablar de sí misma o sí mismo directamente. Contar historias que, aunque parezcan ajenas, muchas veces resultan cercanas. 

A través de un personaje, una niña o un niño puede expresar cosas que no diría en una conversación. Puede atravesar el miedo, el enojo o la tristeza sin sentirse expuesto. Imaginar otros finales, tomar decisiones distintas o mirar lo que ocurre desde otro ángulo.

Y eso importa más de lo que parece. Porque cuando lo que se siente encuentra una salida —ya sea en un dibujo, una historia o una escena— deja de acumularse en silencio. 

Promotora platicando con nina en un Espacio Amigable

No siempre es fácil encontrar un lugar donde lo que llevas dentro pueda salir sin ser juzgado. Por eso, cuando la expresión creativa se acompaña de escucha, paciencia y cuidado, puede convertirse en algo más que una actividad.

Cuando una niña o un niño participa en este tipo de espacios, con personas adultas que escuchan sin juzgar, lo que ocurre va más allá de la experiencia en sí. Crear abre la posibilidad de reconocer lo que pasa por dentro, darle forma y compartirlo.

Desde ese lugar trabajamos con la metodología HEART (Sanación y Educación a través de las Artes), un enfoque que parte de crear espacios donde puedan expresarse a su propio ritmo, sin presión y sin miedo a equivocarse.

A través del dibujo, la música, el movimiento o la actuación, no se busca que aprendan a hacer arte “correctamente”, sino que encuentren una manera de decir lo que, de otra forma, se quedaría guardado.

En estos espacios, la expresión artística permite: 

  • Expresar lo que resulta difícil poner en palabras 
  • Liberar tensión a través del cuerpo y la creatividad 
  • Fortalecer la confianza en sí mismas y sí mismos 
  • Desarrollar habilidades para convivir y relacionarse 
  • Sentirse escuchados sin necesidad de explicarlo todo 

En este proceso, lo importante no es el resultado final, sino lo que ocurre mientras crean. Cuando comparten una historia, un dibujo o una escena, también están mostrando una parte de lo que viven. Ese acompañamiento, basado en la escucha y el respeto, puede ayudar a que no tengan que cargar con todo en silencio y a que encuentren nuevas formas de relacionarse con lo que sienten.

Nina pintando flores en un Espacio Amigable.

A veces, lo que sientes no necesita explicarse, sino moverse o imaginarse de otra forma. Te compartimos estos ejercicios sencillos que pueden ayudar a niñas y niños a reconocer lo que pasa en su cuerpo y liberar tensión. Solo necesitas un espacio tranquilo y la disposición de acompañarles. 

Inhala como si olieras algo agradable. Luego exhala despacio, como si apagaras una vela. Poco a poco, tu respiración encontrará un nuevo ritmo. 

Aprieta fuerte las manos, como si quisieras sacar todo el jugo de un limón. Sostén unos segundos… y suelta. Tu cuerpo empieza a notar la diferencia entre tensar y dejar ir. 

Encoge el cuerpo, protégelo, hazte pequeño. Afuera “llueve”. Espera un momento… y cuando pase, vuelve a abrirte poco a poco. 

Muévete ligero, como si flotaras. Después deja que tu cuerpo pese, como una piedra que cae. Y vuelve a flotar. Cambiar también es una forma de entender lo que pasa por dentro. 

Estírate sin prisa, bosteza, muévete lento. Como si tu cuerpo también necesitara tiempo para volver. 

Recuerda: no se trata de hacerlo “bien”, sino de abrir un espacio para sentir. En estos momentos, lo importante no es corregir, sino estar y acompañar. 

A veces creemos que acompañar significa tener todas las respuestas, saber qué decir o encontrar la forma correcta de intervenir. Pero cuando se trata del bienestar emocional, también implica aprender a observar, a respetar los tiempos y a no interrumpir lo que alguien está intentando expresar, incluso cuando no lo entendemos del todo. 

Abrir espacios donde niñas y niños puedan crear, imaginar y compartir no lo resuelve todo, pero sí puede marcar una diferencia que les permite no quedarse solos con lo que viven. 

Conoce más sobre cómo acompañamos el bienestar emocional en la niñez a través del arte.