Una herida de bala. Amenazas de muerte escritas a mano. Meses de espera en albergues que fueron creados para estancias temporales. En todo México, miles de personas huyen de la violencia, la pobreza y los desastres naturales. Muchas de ellas quedan atrapadas entre los peligros que dejaron atrás y fronteras que no pueden cruzar.
México se ha convertido silenciosamente en un país de espera. Para finales de 2024, acogía a más de 800 mil personas refugiadas, solicitantes de asilo, personas apátridas y otras que necesitaban protección internacional.
Las organizaciones locales tienen dificultades para responder a la magnitud de las necesidades. En ciudades como Tapachula o Ciudad de México, los albergues operan muy por encima de su capacidad mientras muchas familias abandonan la idea de llegar a Estados Unidos y comienzan a reconstruir su vida en el lugar en donde se encuentran.
“La respuesta humanitaria financiada actualmente por la Unión Europea brinda apoyo a más de 29 mil personas afectadas por la violencia, el desplazamiento y la inseguridad”
Ayuda humanitaria para quienes más lo necesitan
Las niñas, niños, adolescentes, mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+ se encuentran entre los grupos más vulnerables. La ayuda humanitaria proporcionada por Save the Children, Médecins du Monde, el Consejo Danés para los Refugiados y Plan International incluye:
- Atención médica
- Apoyo psicosocial
- Alojamiento temporal
- Asesoría legal
- Educación
- Apoyo económico en efectivo (CASH)


Las heridas que las personas cargan
En Centroamérica, muchas familias abandonan sus hogares después de que los huracanes destruyen sus cultivos y medios de vida. Otras huyen de grupos criminales que extorsionan negocios, reclutan a niñas, niños y adolescentes y amenazan comunidades enteras. De acuerdo con una entrevista realizada por ACNUR, más del 70% de las personas en la región señalaron que
“la violencia y la persecución fueron las principales razones por las que abandonaron sus países.”
Albergues saturados
Durante años, México fue visto principalmente como un país de tránsito. Hoy, cada vez más personas permanecen aquí.
Tan solo en 2025, México registró más de 45,500 solicitudes de asilo, casi la mitad presentadas por personas de nacionalidad cubana.
En Ciudad de México, algunos albergues reciben hasta seis veces más personas de las que fueron diseñados para atender. Muchas de las cuales permanecen allí durante seis meses o más mientras esperan documentos o resoluciones legales.


Apoyo a largo plazo
A medida que aumentan las crisis humanitarias, las organizaciones locales han tenido que adaptarse. Los albergues se están transformando en espacios de apoyo de mayor duración, donde las familias pueden acceder a:
- Atención médica primaria
- Apoyo en salud mental
- Espacios seguros
Tener acceso a información confiable puede marcar una gran diferencia. Los equipos humanitarios ayudan a las personas a comprender los procesos de asilo, acceder a apoyo legal y reconectarse con servicios esenciales. Además, las niñas y los niños que viajan solos, así como las personas sobrevivientes de violencia, reciben atención y protección especializada.


Para Angie, una madre venezolana de 36 años que viaja junto con su esposo, su madre y nueve niñas, niños y adolescentes —entre hijos, sobrinas y sobrinos—, el viaje ha sido una lucha constante por mantener a su familia unida y a salvo.
Su hijo de 13 años vive con paraplejia. Durante el trayecto, la familia fue secuestrada en Tapachula y obligada a pagar 1,600 dólares para recuperar su libertad. Una vez en Ciudad de México, Angie relata que alguien intentó llevarse a una de sus sobrinas en plena calle.
“Hemos visto demasiadas cosas y pasado por demasiado”, cuenta Angie. “Los niños viven con miedo todo el tiempo”
Atención médica y apoyo emocional
Los equipos de salud brindan atención médica primaria, servicios de salud sexual y reproductiva, así como apoyo clínico para sobrevivientes de violencia sexual. Además, psicólogas, psicólogos y trabajadores sociales ayudan a las personas a afrontar las secuelas emocionales del trauma.
Angie afirma que este apoyo ayudó a su familia a encontrar algo de estabilidad después de meses marcados por el miedo y la incertidumbre.

“Para las personas atrapadas entre fronteras, la dignidad muchas veces comienza con algo tan sencillo como ser vistas“