Hay cosas que damos por hechas porque, para la mayoría, casi siempre están ahí. Agua para beber. Un lugar donde dormir. Medicamentos cuando alguien enferma. Una escuela abierta. Un camino que permite llegar a casa.
Cuando sucede algo que rompe esa normalidad y lo indispensable deja de estar garantizado, empieza la asistencia humanitaria. Puede ser después de un terremoto, una inundación, un conflicto armado o un desplazamiento forzado. Las circunstancias cambian de un lugar a otro, pero las primeras necesidades suelen ser bastante concretas: comer, recibir atención médica, encontrar refugio, acceder a agua segura o saber que las niñas y los niños tienen un espacio protegido.
Y hay cosas que simplemente no pueden esperar. Una herida no puede hacerlo. El hambre tampoco. Mucho menos una familia que necesita encontrar dónde pasar la noche. Por eso la respuesta comienza desde las primeras horas y, aunque solemos verla cuando llegan los suministros, hacerla posible requiere mucho tiempo y trabajo.
La ayuda no aparece por milagro después de una emergencia
Cuando pensamos en asistencia humanitaria, probablemente imaginamos alimentos, botellas de agua, medicamentos o refugios temporales. Y sí, son parte de la respuesta, pero antes de que cualquiera de esas cosas llegue a una comunidad hay preguntas que necesitan respuesta: ¿Qué lugares quedaron aislados? ¿Sigue funcionando el sistema de agua? ¿Hay centros de salud disponibles? ¿Dónde están durmiendo las familias? ¿Qué necesitan con mayor urgencia? ¿Existen riesgos particulares para niñas, niños y adolescentes?
A partir de ahí comienza un trabajo menos visible: movilizar equipos, adquirir materiales, transportarlos, coordinarse con organizaciones locales, habilitar espacios y sostener la operación durante los días o meses siguientes. También hacen falta recursos económicos, porque cada una de esas acciones tiene un costo y una necesidad urgente no puede resolverse únicamente con intención.
El agua tiene que llegar. Los medicamentos deben estar disponibles. Los equipos necesitan trasladarse. Un espacio seguro requiere materiales y personal preparado. La solidaridad es fundamental, pero para convertirse en asistencia necesita una estructura que permita llevarla hasta donde hace falta.
No todas las emergencias necesitan lo mismo
Lo urgente durante las primeras horas puede ser muy distinto de aquello que hará falta varias semanas después. Incluso dentro de una misma zona, una comunidad puede necesitar agua mientras otra requiere atención médica, alojamiento o alimentos.
Los terremotos del 24 de junio en Venezuela afectaron viviendas, servicios e infraestructura. Más de un mes después, 1.8 millones de personas continuaban necesitando asistencia humanitaria, entre ellas 680 mil niñas y niños.
Heriberto*, de 7 años, tuvo que dejar su casa y pasó por distintos alojamientos temporales hasta llegar a una tienda de campaña:
“Me dio muchísimo miedo. ‘Mamá, mamá, no quiero morir’”.
Días después seguían apareciendo preguntas mucho más cotidianas. Cuando le preguntaron qué le gustaría que pudiera llegar hasta el lugar donde estaba viviendo, respondió:
“Si todos tuviéramos hambre, que hubiera comida.”
Y así puede cambiar una emergencia con el paso del tiempo. Al principio hay que salir, protegerse y sobrevivir. Después también hay que desayunar, bañarse, conseguir medicamentos, encontrar un lugar donde dormir y resolver cómo continuar con actividades que hasta hace poco parecían completamente normales.

Semanas más tarde, un terremoto de magnitud 7.4 afectó el occidente de Colombia. Las primeras evaluaciones identificaron daños en servicios esenciales, atención médica, abastecimiento de agua, comunicaciones y electricidad en algunas zonas.
Hay necesidades que no caben en un kit de emergencias
Los alimentos se pueden distribuir. El agua puede almacenarse. Los artículos de higiene caben dentro de una caja. Pero hay otras consecuencias de una emergencia que requieren respuestas diferentes. Una de ellas es perder la rutina.
Alba* tiene 11 años y también vivió los terremotos en Venezuela. Después tuvo que permanecer en un alojamiento temporal sin saber cuándo regresaría a clases.
“No sé cuándo volveré a la escuela. Extraño a mis amigos, algunos murieron en el terremoto.”
Durante una emergencia, una niña o un niño puede pasar de ir todos los días a clases a vivir temporalmente en un refugio, lejos de sus amistades y sin saber cuándo regresará. En esas condiciones, tener un lugar donde jugar, aprender y convivir también forma parte de lo que necesita.
Alba* acudía a un espacio seguro con rompecabezas, pinturas y actividades. No reemplazaba su escuela ni pretendía hacer desaparecer lo ocurrido. Era un lugar donde podía pasar parte del día protegida y acompañada mientras muchas otras cosas seguían sin resolverse. Por eso una respuesta también puede incluir educación en emergencias, apoyo psicosocial y protección. Comer importa. Tener agua también. Pero atender únicamente aquello que cabe en una caja dejaría fuera una parte importante de lo que niñas, niños y adolescentes atraviesan después de una crisis.
¿Qué hacemos desde Save the Children?
Desde Save the Children trabajamos de acuerdo con las necesidades identificadas en cada contexto, con especial atención en niñas, niños, adolescentes y sus familias.
En Venezuela nuestra respuesta ha incluido acciones relacionadas con educación, agua, saneamiento e higiene, salud mental, protección y alojamiento, además del trabajo coordinado con autoridades, Naciones Unidas y organizaciones locales.
En Colombia contemplamos atención primaria de salud, nutrición, educación en emergencias, apoyo psicosocial, protección, agua y saneamiento, así como asistencia para cubrir necesidades prioritarias.
No todas estas acciones ocurren al mismo tiempo ni son necesarias en todos los lugares. La respuesta cambia conforme también lo hacen las condiciones de las comunidades. Y eso importa especialmente después de las primeras semanas, cuando una emergencia comienza a desaparecer de las conversaciones, pero todavía hay familias viviendo en alojamientos temporales, servicios que no han podido restablecerse o escuelas que permanecen cerradas.

Una familia puede tardar meses en recuperar una vivienda. Un sistema de agua necesita repararse. Una escuela puede permanecer cerrada mucho después de que las cámaras del noticiero se hayan ido. Y durante todo ese tiempo siguen haciendo falta alimentos, atención, protección y espacios seguros.
Por eso la asistencia humanitaria no ocurre únicamente durante las primeras horas. Necesita preparación antes, capacidad de respuesta durante la crisis y recursos para permanecer cuando todavía hace falta.
Si deseas apoyar nuestro trabajo, tu donativo contribuye a mantener las acciones que realizamos con niñas, niños, adolescentes y sus familias durante una emergencia.