La violencia no siempre empieza con un golpe. Empieza con una mirada que incomoda, un comentario disfrazado de halago o un mensaje que invade la privacidad. Empieza cuando una mujer camina por la calle y siente que alguien la sigue, cuando una adolescente recibe un “te ves mejor si sonríes”, o cuando una niña aprende que no debe hablar tan fuerte porque “no es de señoritas”.
A veces se confunde con costumbre. Se justifica como broma, como cariño o como algo “normal”. Pero detrás de esa “cotidianidad” se esconde un mensaje que muchas mujeres aprenden desde niñas: que ser mujer significa tener que cuidarte “más que los demás”, que el peligro está siempre cerca, incluso cuando no debería estarlo.
En todo el mundo, una de cada tres mujeres ha vivido algún tipo de violencia física o sexual a lo largo de su vida. En México, más de 10,000 niñas y adolescentes están desaparecidas, y solo una de cada cinco muertes violentas de mujeres se investiga como feminicidio.

¿Puedo identificar la violencia de género?
A veces escuchamos el término “violencia de género” como si fuera un término lejano, algo que solo ocurre en los noticieros o en historias ajenas. Pero la realidad es que está mucho más cerca de lo que creemos.
La violencia de género es cualquier acto físico, emocional, sexual, económico o simbólico que afecta a una mujer por el simple hecho de serlo, o que la pone en desventaja frente a los hombres.
Puede presentarse de muchas formas: un comentario que ridiculiza, una decisión que se toma sin preguntar o una broma que “no hay que tomarse tan en serio”. Cada uno de estos gestos, cuando se repite, normaliza la desigualdad y nos hace creer —de manera equivocada— que la violencia es inevitable.

Cuando el “amor” se confunde con control
Para muchas adolescentes, la violencia puede aparecer disfrazada de amor. Empieza con frases como “me preocupo por ti”, “quiero saber dónde estás” o “no quiero que hables con él porque me pongo celoso”. Pero lo que parece amor puede transformarse en control, en culpa o en miedo.
Estas son algunas formas en que puede manifestarse dentro de una relación:
Gaslighting
Cuando alguien te hace dudar de tu propia percepción o memoria. Por ejemplo, si una pareja niega algo que dijo o hizo, haciéndote sentir que exageras o que estás “loca”.
Ghosting
Cuando alguien desaparece sin explicación, dejando una sensación de culpa o rechazo. Aunque parezca parte del “mundo digital”, es una forma de manipular emocionalmente.
Control emocional
Revisar tus mensajes, pedir tus contraseñas o decidir con quién puedes hablar.
Celos disfrazados de amor
Cuestionar tus amistades, tu forma de vestir o tus decisiones “porque te quieren cuidar”.
Aislamiento
Cuando poco a poco dejas de ver a tu familia o amistades, porque la otra persona siempre encuentra una excusa para que no lo hagas.
Una de cada cuatro adolescentes entre 15 y 19 años ha vivido algún tipo de abuso físico, sexual o psicológico por parte de su pareja. Y aunque muchas veces no se reconoce como violencia, si el amor te hace sentir miedo, culpa o vergüenza, ya no es amor.

La violencia también vive en Internet
Hoy, la violencia no solo ocurre en las calles o dentro de casa; también se esconde detrás de una pantalla. Lo que empezó como un espacio para compartir y aprender, se ha convertido en otro lugar donde muchas mujeres y niñas enfrentan agresiones, acoso o exposición sin consentimiento.
Estas son algunas de las formas más comunes de violencia digital:
- Compartir imágenes privadas para dañar o chantajear.
- Suplantar identidades o hackear cuentas personales.
- Enviar mensajes de acoso, amenazas o insultos.
- Usar inteligencia artificial para crear imágenes falsas con contenido sexual.
El 92% de las víctimas de material de abuso sexual infantil (MASI) son niñas y adolescentes. Y no se trata solo de casos anónimos: periodistas, activistas y figuras públicas también enfrentan acoso digital todos los días.

Lo que la violencia enseña a niñas y niños
La violencia no solo afecta a quien la vive, también deja huellas en quienes la observan. Cuando una niña ve a una mujer callar o ser cuestionada por alzar la voz, aprende que hablar tiene consecuencias. Y cuando un niño crece viendo que los hombres gritan, controlan o golpean, aprende que tiene derecho a hacerlo.
Por eso, la prevención empieza desde la niñez: en cómo hablamos, cómo educamos y cómo escuchamos. Enseñar que el respeto no depende del género, que el consentimiento no se negocia y que cuidar también es una forma de fuerza, puede cambiar la historia.

Si algo te hace sentir miedo, no estás sola
Hablar de violencia es difícil: implica reconocer heridas, romper silencios y, muchas veces, enfrentarse al miedo. Pero hacerlo también es una forma de cuidarte. Si sientes que algo no está bien, confía en tu intuición. Hablar no es exagerar, y pedir ayuda no es una debilidad. Existen redes y personas dispuestas a escucharte y acompañarte.
En México, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia ofrece atención gratuita y confidencial a través del 55 5533 5533 o su Chat de Confianza (disponible 24/7).
Y si eres niña o adolescente, te invitamos a conocer nuestra Guía de Autocuidado para Niñas y Adolescentes, un recurso pensado para reconocer, prevenir y actuar frente a situaciones de violencia.
Un recordatorio necesario
Cada 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Esta no es una fecha más en el calendario, es una invitación para recordar por qué sigue siendo urgente hablar sobre la violencia contra las mujeres y las niñas para impulsar el diálogo.