¿Alguna vez has vivido un momento en el que todo cambia de un día para otro? Las inundaciones en Veracruz y Puebla fueron así: calles que parecían seguras se convirtieron en ríos improvisados, y hogares que eran el centro de la rutina familiar amanecieron cubiertos de lodo. No solo se perdieron muebles o documentos; también se alteraron las rutinas de aquellos que se preguntaban “¿dónde vamos a dormir?”, “¿qué van a comer mis hijos?”, “¿cuándo podrán a volver a la escuela?”. 

A veces olvidamos cuánto depende la vida en las cosas simples: abrir la mochila para hacer la tarea, saber que el refrigerador funciona o despertar sin preguntarte qué falta por rescatar. Cuando una inundación arrasa con todo eso, lo primero que aparece es la pregunta: “¿Y ahora qué hacemos?”. 

En situaciones como esta, cada familia atraviesa algo distinto. Algunas pasan la noche en vela ante el temor de que vuelva a llover; otras intentan que sus hijas e hijos jueguen para distraerlos mientras revisan lo que puede salvarse; otras caminan entre montones de ropa y muebles mojados buscando algo que todavía funcione No hay un solo ritmo, ni una sola manera de continuar. Cada hogar encuentra su forma de seguir avanzando, aunque sea poco a poco. 

“Me daba miedo dormir por la lluvia. Platiqué con la psicóloga y sentí como si me quitaran un peso. Nunca había tenido este apoyo”. 

Joven, 19 años, Xicotepec.

En esos primeros días, las escenas se repiten: personas sacudiendo lo que el agua alcanzó, niñas y niños buscando un rincón donde sentirse tranquilos, familias enteras tratando de decidir qué se puede recuperar y qué ya no. 

Entre calles cubiertas de lodo y techos dañados, no solo aparecían objetos arrastrados por el agua. También estaban los efectos que no se ven a simple vista: escuelas cerradas, caminos bloqueados, colonias sin agua potable y muchas personas con infecciones o problemas respiratorios tras haber estado en contacto con agua contaminada
En medio de ese escenario, la vida tiene que continuar. Y para muchas familias, seguir adelante implica resolver lo básico para sostener el día. En ese contexto, junto a Médicos del Mundo Suiza, identificamos lo que necesitaban para enfrentar los primeros días después de la inundación. Durante esta etapa, alcanzamos a 2,790 personas a través de: 

  • 300 paquetes de alimentos, para asegurar lo básico en un momento en el que muchas despensas se habían perdido. 
  • 100 kits de higiene familiar, con artículos fundamentales para prevenir enfermedades y apoyar la recuperación temprana. 
  • 100 kits de limpieza, con productos esenciales para desinfectar y limpiar, imprescindibles para disminuir riesgos sanitarios y recuperar condiciones mínimas de habitabilidad. 
  • 350 consultas médicas, realizadas en un punto fijo y a través de brigadas casa por casa. 
  • 278 atenciones psicológicas, tanto individuales como grupales. 
  • 100 kits de apoyo psicoemocional para niñas y niños, con materiales lúdicos, actividades y recursos de autocuidado. 
  • Un Espacio Amigable, donde la niñez pudo jugar, dibujar y sentirse segura. 

“Gracias por todo y por apoyarnos a todos los niños que están aquí. Me gusta pintar y jugar en el espacio con ustedes”.    

Beneficiario, 12 años, Poza Rica.

Desde afuera podría parecer que la emergencia termina cuando el agua baja, pero quienes están ahí saben que no es así. Lo que viene después también pesa: limpiar lo que quedó, identificar qué puede recuperarse, decidir dónde dormir esa noche, reorganizar horarios, volver a empezar.  
Por eso, mientras las familias comenzaban a reconstruir sus días, continúo el apoyo con una respuesta ampliada para atender los nuevos retos que surgían con el paso de las semanas. En esta segunda fase se entregaron: 

  • 224 kits adicionales de apoyo psicoemocional, para que niñas y niños contaran con herramientas para procesar su experiencia y fortalecer su bienestar emocional. 
  • 157 atenciones médicas adicionales, a través de un punto fijo y brigada casa por casa, llegando también a quienes tenían movilidad limitada. 
  • 75 atenciones psicológicas individuales y grupales, enfocadas en diagnósticos clínicos y en la atención de casos donde la ansiedad y el estrés postraumático eran evidentes. 
  • 34 transferencias monetarias multipropósito (CASH), para que las familias pudieran elegir qué necesidades cubrir primero. 
  • Un proceso formativo con 51 docentes, para fortalecer su capacidad de identificar, contener y canalizar afectaciones emocionales en sus estudiantes. 
RESPUESTA HUMANITARIA STC Y MDM

En una emergencia, el impacto no se mide solo en lo que se perdió, sino en lo que se siente. Hay familias que, por un momento, creen que todo su mundo se vino abajo y una respuesta humanitaria puede convertirse en algo más que ayuda: puede ser un punto de apoyo para seguir adelante. A veces ese apoyo es que una mamá logre dormir sin despertarse con cada trueno, que un niño vuelva a jugar sin mirar la ventana con miedo, o que una adolescente encuentre un espacio para hablar sin sentirse sola. 
Acompañar después de una inundación como la que se vivió no se trata solo de entregar insumos: es ayudar a que las niñas, niños y sus familias recuperen no solo lo material, sino la tranquilidad de sentirse seguros otra vez. 

La emergencia sigue y aún queda mucho por hacer. 

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