¿Recuerdas qué comías cuando eras niña o niño? ¿Qué desayunabas antes de salir corriendo a la escuela? ¿Un vaso de leche endulzado con chocolate? ¿Un cereal de colores que parecía divertido? ¿O fruta con huevo, si tenías suerte? Ahora piensa en lo que comen hoy tus hijas, hijos o estudiantes. ¿Realmente desayunar unas galletas con leche alcanza para darles energía y nutrientes? ¿O solo es algo rápido y cómodo?
Que haya comida en la mesa no siempre significa que nos estamos alimentando bien. Lo que comemos importa, y mucho. Especialmente cuando se trata de las niñas y los niños, porque de eso depende cómo crecen, si logran concentrarse en la escuela y si tienen energía para jugar.
Sabemos que tener una alimentación balanceada no siempre es fácil. Hay familias que enfrentan dificultades para acceder a agua potable; otras no cuentan con el presupuesto para comprar alimentos frescos como carne o fruta. Y en algunos casos, las actividades laborales hacen casi imposible que mamás, papás o cuidadores puedan cocinar todos los días. A eso se suman la violencia en el entorno y los efectos del cambio climático en la producción de alimentos, que complican aún más el acceso a una nutrición adecuada.
No se trata solo de cantidad, sino de calidad
¿Cuántas veces confundimos cantidad con calidad? La nutrición en la niñez no es solo llenar el plato, es una oportunidad para construir hábitos y conocimientos que van a acompañarles toda la vida.
En México, casi 2 de cada 10 niñas y niños menores de cinco años presentan talla baja para su edad, lo que está directamente relacionado con una alimentación deficiente en nutrientes esenciales. Al mismo tiempo, el sobrepeso y la obesidad también están presentes desde edades muy tempranas. En las últimas tres décadas, la prevalencia de sobrepeso y obesidad en menores de cinco años ha oscilado entre el 6.8% y el 9.7%, muchas veces por el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, la falta de actividad física o el estrés económico en casa.



Comer bien se aprende, se transmite, se construye… ¡y no tiene que ser difícil!
Promover una buena alimentación no se trata de imponer, sino de abrir posibilidades. Se trata de acompañar, informar y respetar para que niñas y niños aprendan a elegir de forma más libre y consciente. Ese proceso empieza en lo cotidiano, en cómo se relacionan con la comida, lo que ven, escuchan y sienten cada día al comer.

Una forma sencilla y práctica de empezar esa conversación puede ser con una pulsera de salud. Una herramienta que puedes crear con ellas y ellos para hablar sobre los grupos de alimentos de manera única y divertida. Solo necesitas un hilo o liga, algunas cuentas de colores, y asignar un color a cada grupo. Así, poco a poco, la pulsera se convierte en una guía que les ayuda a entender mejor el Plato del Bien Comer.
La pulsera llevará cinco cuentas verdes que representen tres porciones de verduras y dos de frutas; tres cuentas amarillas para las porciones de cereales; dos cuentas naranjas para las leguminosas; una cuenta roja para la proteína; y una café que simbolice los aceites y grasas buenos.
Como complemento, se pueden agregar cuatro cuentas azules que recuerdan la importancia de tomar entre seis y ocho vasos de agua al día. Y, finalmente, una cuenta con forma de corazón, que invite a niñas y niños a reconocer que cuidar nuestra salud también es una forma de amor propio, y que cada alimento que elegimos puede ayudarnos a prevenir enfermedades.
@savethechildren_mx De la mano con una buena alimentación. 🍎 Es muy importante que las niñas y los niños siempre tengan presente la importancia de una buena alimentación. Por eso, en algunos de nuestros clubes comunitarios implementamos las pulseras de la salud, una manera divertida de recordarles que deben llevar una alimentación balanceada. #AlimentaciónSaludable #ComedoresComunitarios #Comida #Food
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Comer no es solo una necesidad biológica, también es una experiencia emocional. Presionar para que terminen el plato, castigar si no comen lo “correcto” o utilizar la comida como premio puede dañar su relación con los alimentos desde muy temprano. Recuerda que fomentar una buena nutrición también implica reconocer los ritmos de cada niña y niño, su apetito, sus gustos y lo que sienten al comer.
Descarga el “Atlas de riesgos para la nutrición de la niñez” para saber más sobre la situación de la alimentación en México y los retos que enfrentan.