Cuando una niña sabe que tiene derecho a ser cuidada, es más fácil que pida ayuda. Si un niño entiende que nadie puede lastimarlo, tiene más herramientas para poner límites. En el momento que adolescente reconoce que su opinión cuenta, participa con más confianza. 

Conocer los derechos fortalece su autoestima, la toma de decisiones y la capacidad de buscar apoyo. Por eso, hablar de derechos con niñas y niños no es “adelantarles problemas”, es darles herramientas para su presente y futuro. En México estos derechos se encuentran establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un documento normativo con rango preponderante, es decir “la norma de normas”.

Ninas sentadas en una mesa realizando actividad

La Constitución no es un documento lejano. En ella se establece que niñas y niños tienen derechos que deben respetarse todos los días, en cualquier lugar del país. 

Toda niña y todo niño tiene derecho a aprender. Este artículo establece que la educación debe ser gratuita, obligatoria, laica y accesible. No se trata solo de estar inscrito en una escuela, sino de poder permanecer en ella y aprender en condiciones dignas y seguras. 

La Constitución también reconoce el derecho a recibir atención médica cuando se necesita. Esto incluye cuidados, prevención y acompañamiento para crecer sanos, sin que la falta de recursos sea una barrera. 

Comer todos los días, de forma suficiente y nutritiva, no debería depender de la suerte. Este derecho es fundamental para el desarrollo, el aprendizaje y el bienestar de niñas y niños. 

Nadie puede lastimar, explotar o maltratar a una niña o a un niño. La Constitución señala que su bienestar debe ser una prioridad, y que todas las decisiones que les afecten deben tomar en cuenta su interés superior. 

Los derechos no viven solo en la Constitución o en los libros, se reflejan en lo que ocurre todos los días: en la escuela a la que asisten, en los servicios a los que tienen acceso, en la manera en que son tratados y en las oportunidades que se abren —o se cierran— a lo largo de su vida. 

En casa, en la escuela o en cualquier espacio de cuidado, las personas adultas tenemos un papel clave. Aquí algunas recomendaciones que pueden hacer una gran diferencia: 

  • Escuchar con atención. Cuando una niña o un niño habla, escucharlos sin minimizar les enseña que su voz importa. 
  • Explicar los derechos con palabras simples. Decir “tienes derecho a ir a la escuela” o “nadie puede hacerte daño” ayuda a que lo comprendan y lo recuerden. 
  • Respetar límites y emociones. Validar lo que sienten les muestra que el respeto empieza por el propio cuerpo y las propias emociones. 
  • Incluirlos en decisiones acordes a su edad. Elegir, opinar y participar fortalece su autonomía y confianza. 
  • Poner el ejemplo. Tratar con respeto a otras personas es una de las formas más claras de enseñar qué son los derechos.
Ninas en foro de Ninas Imparables

Los derechos de niñas y niños no se activan solo en fechas especiales. Se construyen en el día a día, en la forma en que miramos, hablamos y acompañamos. Garantizarlos no es un favor, es una responsabilidad compartida. 

Cuando una niña o un niño conoce sus derechos, está mejor preparado para vivir su presente con dignidad. Y cuando los protegemos como sociedad, estamos construyendo entornos más justos para todas y todos.