Gaza: crecer entre la guerra – no debería ser normal-. Hay cosas que nunca deberían formar parte de la niñez:
Jugar a la guerra.
Aprender a distinguir el sonido de una bomba.
Hacer funerales con muñecos.
Sin embargo hoy, en Gaza, esta es la realidad de miles de niñas y niños.
En contextos de violencia, el juego deja de ser solo juego. Después de casi dos años y medio de conflicto, niñas y niños en Gaza están transformando lo que viven en su día a día en parte de sus juegos: simulan disparos, fingen estar muertos o incluso dicen frases como “te voy a lanzar un misil”.
Especialistas en salud mental explican que, cuando niñas y niños recrean escenas dolorosas, están intentando procesar lo que han vivido. Es una forma de darle sentido a experiencias que son demasiado grandes, demasiado duras.
Porque cuando la violencia se vuelve cotidiana, las niñas y niños tiene que encontrar la forma de sobrevivir… incluso jugando.
La historia de Shurouq: intentar proteger lo imposible
Shurouq tiene 31 años y trabaja en Save the Children en Gaza. Es mamá de una niña de tres años. Como muchas familias, lo ha perdido todo. Su esposo murió en las primeras semanas de la guerra. Su hogar quedó destruido. Y, junto a su hija, ha sido desplazada múltiples veces.
Cada mañana, camino al trabajo, pasa frente a lo que queda de su casa. Un departamento en la azotea que alguna vez fue un proyecto lleno de ilusión: “Diseñamos ese hogar pensando en nuestra vida juntos. Cada vez que lo veo destruido, recuerdo todo lo que invertimos para construirlo”, cuenta.
Para Shurouq, no se trata solo de lo material. Es la sensación de estar atrapada en el mismo lugar donde todo cambió.
“No puedes seguir adelante ni empezar a sanar mientras sigues viviendo en el mismo lugar donde viviste tus peores pesadillas.”

Incluso cuando logra pequeñas cosas —como conseguir alimentos o comprar un electrodoméstico— nada se siente normal. Todo implica esfuerzo. Y, en medio de todo, intenta hacer lo más difícil: proteger a su hija.
Su hija —como muchos otros niños y niñas— ha empezado a reflejar la guerra en su forma de jugar: a veces hace funerales con su muñeca o repite palabras que ha escuchado, sin comprenderlas del todo.
Para Shurouq, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Cómo explicarle a una niña tan pequeña que una vez tuvo un hogar, un padre… y una vida completamente distinta?
Seis meses de alto al fuego… sin cambios reales
Han pasado seis meses desde el acuerdo de alto al fuego. Sin embargo, para las familias en Gaza, la realidad no ha cambiado lo suficiente:
- el acceso a ayuda sigue siendo limitado
- la reconstrucción no avanza
- muchas familias siguen sin cubrir necesidades básicas
La niñez no puede esperar
Ninguna niña o niño debería crecer así.
Ninguna madre debería tener que explicar por qué su hija nunca pudo dormir en su propia habitación.
Ninguna familia debería normalizar la guerra como parte de la vida cotidiana.
Hoy, más que nunca, es urgente:
- garantizar el acceso a ayuda humanitaria
- proteger a la población civil
- asegurar apoyo en salud mental y espacios seguros para la infancia
- avanzar hacia una paz duradera
Porque cada día que pasa sin cambios reales, las niñas y niños siguen pagando el precio.
¿Qué podemos hacer desde México?
Aunque estemos lejos, no somos ajenos.
Informarnos.
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Alzar la voz.
Donar a nuestro fondo de emergencias.
Y seguir apoyando el trabajo que permite que más niñas y niños tengan acceso a espacios seguros, atención emocional y oportunidades para sanar.
La niñez primero. Siempre. Sin excusas.
