Hay regiones en donde el calor se siente más intenso que nunca y otras donde las lluvias llegan sin aviso. Árboles que florecen cuando no deben, animales que cambian sus rutas y cultivos que no alcanzan a crecer son señales claras de que el medio ambiente ha cambiado. Seguro tú también ya has visto cambios que son completamente atípicos.
Y es que el clima extremo no solo afecta la temperatura: influye en la comida que llega a tu mesa, en la propagación de enfermedades y en la posibilidad de que las niñas y los niños puedan ir a la escuela. Ante este panorama, la incertidumbre se vuelve una constante.

¿Y porqué la ayuda humanitaria se vuelve más necesaria con el cambio climático?
Dirk Glas, nuestro CEO, comentó que “Un desastre natural no solo se mide por los techos que vuelan o los árboles caídos. También se manifiesta en el miedo nocturno de una niña que perdió su casa, en el silencio de un niño que no puede asistir a clases o en la ansiedad de una adolescente que, de un día para otro, dejó de tener acceso a sus útiles o productos de higiene. Las emergencias climáticas dejan secuelas invisibles que, si no se atienden de inmediato, pueden transformarse en traumas permanentes”.
Actualmente, más de 774 millones de niñas y niños viven en lugares donde la pobreza y el clima extremo se mezclan, y eso puede significar que una sequía deje las despensas vacías o que una tormenta les obligue a dejar todo atrás sin aviso. En esos momentos, cuando la vida parece desmoronarse, recibir apoyo se vuelve fundamental para poder crecer, aprender y tener la oportunidad de un futuro mejor.
En estas emergencias, la ayuda humanitaria no solo llega con alimentos o medicinas; también lleva esperanza y seguridad a quienes más lo necesitan. Para las niñas, niños y adolescentes, eso muchas veces significa poder seguir estudiando, recibir atención médica y encontrar un lugar seguro en medio del caos.
Y aunque no todas las consecuencias son visibles, todas son muy graves
Cuando la crisis climática interrumpe servicios básicos como agua, electricidad o educación, niñas y niños quedan expuestos a riesgos mayores:
- Trabajo infantil
- Violencia y abusos
- Matrimonios forzados (casi 9 millones de niñas al año enfrentan este riesgo por desastres climáticos)
- Reclutamiento por grupos delictivos
- Migración forzada
Frente a estos retos, la ayuda humanitaria es más que un apoyo: es un acto de esperanza que llega justo cuando más se necesita, para que niñas, niños, adolescentes y sus familias puedan seguir aprendiendo, creciendo y soñando.
En México el cambio climático ya ha tenido efectos negativos
En México hemos tenido diversos momentos en los que fenómenos naturales han tenido consecuencias muy negativas en las ciudades. Por ejemplo, recientemente el huracán Erick afectó gravemente al estado de Oaxaca. Más de 27 mil personas tuvieron consecuencias negativas en sus vidas. Tan solo en Santiago Pinotepa Nacional, donde ocurrió el primer impacto, se reportaron 1,018 familias damnificadas.
El cambio climático es un desafío que sentimos en cada rincón del mundo, pero para la niñez significa crecer con menos certezas y más riesgos. Por eso, cada gesto de apoyo importa. La ayuda humanitaria no solo responde a una emergencia: también abre la puerta a la posibilidad de un futuro distinto.
Detrás de cada kit entregado, cada escuela reconstruida y cada espacio seguro instalado, hay un recordatorio de que nadie debería enfrentar una crisis en soledad.
Y tú, ¿qué futuro imaginas para las niñas y niños que hoy crecen en medio de la crisis climática?