Ciudad de México, 24 de septiembre de 2026.– Ante las nuevas medidas para regular el uso de celulares y otros dispositivos digitales en las escuelas y la discusión nacional sobre el acceso de niñas, niños y adolescentes a redes sociales, plataformas digitales e inteligencia artificial, Save the Children México considera fundamental avanzar hacia una respuesta integral que proteja sus derechos, bienestar y desarrollo.  

Las tecnologías digitales forman parte de la vida cotidiana. Niñas, niños y adolescentes aprenden, se informan, se comunican, juegan y participan en estos espacios, por lo que es necesario garantizar que puedan hacerlo de manera segura y con pleno respeto a sus derechos.  

Al mismo tiempo, los entornos digitales han amplificado riesgos existentes y generado nuevas formas de violencia. El ciberacoso, el grooming, la violencia y explotación sexual en línea, la difusión de imágenes sin consentimiento, el uso indebido de datos personales, los discursos de odio y la manipulación de imágenes mediante inteligencia artificial requieren respuestas específicas.  

También reconocemos que el uso excesivo de las redes sociales puede afectar el bienestar, el descanso, la convivencia y el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, especialmente cuando las plataformas incorporan mecanismos que incentivan una conexión prolongada o compulsiva.  

Frente a este escenario, el objetivo no debe ser únicamente protegerles de los riesgos, sino garantizar que puedan ejercer plenamente sus derechos en entornos digitales seguros, de acuerdo con su edad, desarrollo y autonomía progresiva. Esto requiere fortalecer las capacidades de niñas, niños y adolescentes, familias y comunidades educativas para desenvolverse en estos espacios, así como establecer responsabilidades claras para autoridades y empresas tecnológicas.  

Desde nuestra experiencia trabajando por los derechos de la niñez, Save the Children México considera necesario avanzar en los siguientes aspectos:  

La regulación del uso de celulares en las escuelas puede contribuir a mejorar la atención, la convivencia y el aprendizaje. Sin embargo, las restricciones deben formar parte de estrategias más amplias de educación, bienestar y ciudadanía digital, y considerar la edad y autonomía progresiva de niñas, niños y adolescentes, así como situaciones en las que el uso de dispositivos puede ser necesario por motivos educativos, de salud, discapacidad, accesibilidad, protección o seguridad.  

En este mismo sentido, es importante considerar que las y los docentes son actores fundamentales para construir entornos digitales seguros. Para ello, requieren formación, herramientas y protocolos que les permitan orientar a sus estudiantes, identificar situaciones de riesgo y saber cómo actuar ante ellas.  

Las medidas también deben considerar las desigualdades de acceso. Cuando el celular es el único dispositivo disponible en el hogar o las escuelas carecen de equipos y conectividad, restringir su uso sin ofrecer alternativas puede profundizar las brechas digitales. Por ello, la regulación debe reforzar la inversión en infraestructura, equipamiento y conectividad en las escuelas.  

Saber utilizar la tecnología no significa necesariamente comprender sus implicaciones. Niñas, niños y adolescentes necesitan desarrollar capacidades para proteger su privacidad, reconocer situaciones de riesgo, identificar información falsa, relacionarse respetuosamente y comprender cómo funcionan las plataformas, los algoritmos y la inteligencia artificial, así como saber cuándo y dónde pedir ayuda.  

Las familias tienen un papel fundamental en el acompañamiento de niñas, niños y adolescentes, pero también necesitan información, apoyo y herramientas. Fortalecer la alfabetización digital de madres, padres y personas cuidadoras puede ayudarles a establecer acuerdos y límites adecuados para cada edad, acompañar el uso de dispositivos y plataformas y reconocer situaciones que requieren atención, promoviendo el diálogo, la confianza y la autonomía progresiva.  

Las empresas tecnológicas tienen una responsabilidad fundamental en la protección de la niñez. La seguridad y la privacidad deben incorporarse desde el diseño de sus productos y servicios, con mecanismos accesibles de reporte y atención y medidas que reduzcan la exposición a contenidos, contactos y prácticas que puedan afectar a niñas, niños y adolescentes.  

Las plataformas también deben evitar mecanismos que favorezcan un uso excesivo o compulsivo, como el scroll infinito, la reproducción automática y las notificaciones constantes, e incorporar herramientas que prioricen el bienestar de niñas, niños y adolescentes. 

El ciberacoso, el grooming, la violencia y explotación sexual en línea, el uso de inteligencia artificial para generar imágenes sexuales, la captación por grupos delictivos y la explotación económica de la imagen de niñas y niños requieren medidas específicas de prevención, protección, atención y restitución de derechos.  

En este sentido es fundamental fortalecer las capacidades de las instituciones responsables de la protección y el acceso a la justicia para prevenir, identificar y atender estas formas de violencia y explotación.  

Escuchar sus experiencias, preocupaciones y propuestas es indispensable para construir políticas cercanas a su realidad. Su participación debe ser adecuada a su edad y desarrollo y formar parte tanto del diseño como de la implementación y evaluación de las medidas que les afectan. Niñas, niños y adolescentes no son únicamente personas que debemos proteger frente a riesgos asociados a las nuevas tecnologías, también son participantes y ciudadanas y ciudadanos del mundo digital. 

Las políticas deben ser evaluadas para conocer sus efectos sobre el aprendizaje, la convivencia, la salud mental, la protección y el ejercicio de otros derechos. Esto permitirá identificar qué medidas funcionan, cuáles requieren ajustes y qué efectos no previstos pueden generar, particularmente para quienes enfrentan mayores condiciones de desigualdad.  

El entorno digital ya forma parte de la vida de niñas, niños y adolescentes. El reto es garantizar que puedan participar en él de manera segura, de acuerdo con su edad y desarrollo, sin dejar a nadie atrás. Una política pública con enfoque de derechos debe atender tanto los riesgos que enfrentan en entornos digitales que no siempre han sido diseñados considerando sus necesidades, como las brechas que todavía limitan el acceso a la tecnología y la conectividad. 

Para contribuir a reducir estas brechas, Save the Children impulsa las Comunidades Digitales, espacios seguros e inclusivos que acercan tecnología, conectividad y aprendizaje digital a niñas, niños, adolescentes y sus familias. Actualmente, el programa tiene presencia en Nuevo León, Oaxaca, Chiapas, Yucatán y Ciudad de México. 

Avanzar hacia entornos digitales seguros e inclusivos requiere una respuesta integral y corresponsable entre autoridades, empresas tecnológicas, comunidades educativas, familias y sociedad civil, que combine protección, educación, inclusión y participación para que niñas, niños y adolescentes puedan aprovechar las oportunidades de la tecnología y ejercer plenamente sus derechos. 

Save the Children es la organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países, atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Apoya a las niñas y niños a tener una niñez saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas.    

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Yessica Valdez – yessica.valdez@savethechildren.org